domingo, 9 de marzo de 2014

Mis cuatro estaciones.

El día que descubrí la primavera fue ese que tropecé contigo en aquella lejana calle de esa olvidad ciudad. Jamás olvidaré como nos levantamos juntos, y mirándome a los ojos, pude ver a través de los tuyos. Mi primer día de verano llegó más bien una noche, y aunque no recuerdo el tiempo que hacía allí fuera, todavía puedo notar dentro de mí  el calor que sentí cuando te fui quitando la ropa lentamente por primera vez, te acaricié como jamás lo había hecho y por fin me asomé al vacío de tu desnudez, que en realidad estaba completamente lleno. El otoño llegó a mí de repente, casi como una estación maldita, cuando te diagnosticaron cáncer. Como las hojas que caen una fría tarde de Noviembre, tu cabello se quedaba en mis manos. Las lágrimas no eran tuyas, sino mías. Sin embargo, creo que jamás te vi tan bella como en aquella oscura estación. A veces, cuando estabas distraída, te miraba de reojo. Y entonces siempre encontraba tu sonrisa, tan bonita que incluso me quemaba. Puede que no fuese la estación más alegre del año, pero a tu lado siempre fue perfecta. Tu mirada, pura y llena de amor hacia la vida, siempre estuvo dándome los buenos días, y cuando llegó el invierno y por fin te marchaste de mi lado, sentí que la nieve al fin cubría mi alma. Me sumí en el más oscuro y frío de los dolores, maldiciendo a la diosa Perséfone por haberse ido al inframundo con Hades. Pero un día, rebuscando entre trastos viejos, descubrí una vieja fotografía realizada con nuestra vieja Polaroid, y al ver de nuevo tu sonrisa, supe que sería capaz de derretir hasta el témpano más frío que habitaba mi corazón.

Por Carlos Pelerowski..

viernes, 7 de marzo de 2014

Zoo humano


Contra pronóstico los corderos devoran al lobo, éste, en su último palpitar, pide la clemencia que a él le faltó. Los corderos, con sus dientes desentrenados, rasgan el pelaje del lobo temeroso. El lobo siente el frío del miedo, un miedo experimentado por última vez hace demasiados años, ya apenas recuerda lo que sentía cuando lo tuvo. Sus venas se inflan intentando escapar de la muerte, su pelo se eriza cual erizo intentando defenderse, sus ojos salen de las cuencas intentando orbitar en una órbita sin peligro, su lengua se seca, se queda sin palabras, sin furia, sin esperanza, el lobo ahora es un perrito pidiendo un biberón de leche.

El tigre ya no caza, la jungla ahora es de cemento y se siente perdido. Siempre ha sido un solitario, como su amigo el lobo, y ahora uno yace muerto y él cada vez ve más difícil la vida. Nunca ha sabido lo que es el amor, a excepción del que se profesaba a sí mismo. Ahora ni siquiera tiene ese. Ya no se acerca a la charca porque le repudia la imagen que se refleja en ella, sabiendo que esos dientes solo han causado muerte y dolor, y esas garras desgarraban los corazones de sus semejantes, y ese cuerpo solo estaba diseñado para matar. Ahora el tigre ya no caza. Ahora el tigre solo llora.

La hormiga, a la que ni tigre ni lobo interesaba. La hormiga desapercibida por todos, que  no tenía amigos, sólo hermanos, primos, padre, madre o sobrinos. La hormiga que es una entre millones de millones. La hormiga que no sabe quién es, porque todas se parecen a ella. Confundida, sin saber si es macho o hembra, si quedarse en el hormiguero o viajar perdida y sola por tierra abierta. La hormiga que sólo nace para los demás, sin tiempo para el egocentrismo de la salvación. La hormiga que nació muerta, porque una vida sin uno mismo es una lupa reflejada por el sol, que te quema y te quema y sólo ves desolación.

La rata a la que nadie quiere. Esa que todo el mundo desprecia, y que sin embargo siempre está ahí. La rata que sueña con ser querida, con ser madre, con ser acogida. La rata que llora en cada esquina, que huye de las miradas del resto y que busca ese trozo de comida que alimente su alma herida, herida porque todos quieren acabar con ella como si fuese el mayor enemigo del mundo. La rata que jamás ha sonreído despierta, que solo en el sueño encuentra un poco de felicidad en su pequeño corazón, roto por el dolor y la soledad. Ella solo quería ser amada.

Garrapata. Diminuta como ninguna. Conoce al lobo, al tigre, a la hormiga y la rata. Se alimenta de cada uno de ellos. No sólo sorbe sus sangres, aspira cada racimo de armonía, hurta la poca paz que han conseguido, les insulta al oído con falacias que rompen los corazones estropeados. La garrapata vive de su maldad, pero es su única forma de vivir, es un instinto que no puede renunciar si quiere seguir respirando el oxígeno contaminado. La garrapata es esa inquilina que no puedes desahuciar y que poco a poco te agota, te consume y te hace la cabeza agachar, viendo que la sombra que ahora eres es un espectro vacío del mal.

Hombre. Rey de reyes, o eso cree él. Apocalipsis continuo. Máscara de papel. Depredador frustrado. Él era todos los corderos que mataron al lobo, él enjauló al tigre, pisoteó a la hormiga, envenenó a la rata y fumigó a la garrapata. Acabó con todos ellos, sin saber que cada vez que aniquilaba a un animal se exterminaba a sí mismo. Y llegó el día en que no quedaba nada que matar, excepto sus semejantes. Fue así como clavó el cuchillo en el corazón de su amada. No fue un cuchillo de metal, pero a veces las palabras cortan más que ellos. Las palabras pueden arrancar las alas de los ángeles y destruir el alma de los animales, pero no la nuestra, pues tiempo ha que la vendimos al peor postor, el odio




A cuatro manos, dos medios corazones y una amistad, Pelerowsky y Kerouac.

lunes, 3 de marzo de 2014

Cráneo


Cráneo subterráneo, sin corazón sólo hiel, tú que tras las escaleras sin peldaños te escondes, pretendiendo ser sin ser, tú que miras con los ojos que no tienes, que no sabes cuando es lunes o domingo, tú que desconoces el significado de las cosas porque eres todas esas cosas sin ser ninguna. Cráneo, que eres hueso duro como mármol, cráneo calavera de antaño. Cuando la luna diga basta, apague la luz que alumbra las miradas descarriadas. Cuando bajo tierra, mientras los gusanos te meriendan, quieras dar ofrenda al órgano que dejó de latir, con el que tanto tiempo no quisiste dejar de combatir. Llorarás cuando ya no hace falta llorar. Sólo eres paja, pero creíste ser el rey. Ahora, encuadrado y apresado entre madera de baobab, quieres salir de la sombra en la que tantos años viviste. Siento decirte que llegas tarde, has quedado decapitado, del corazón separado, y sin él sólo eres pasto de cangrejos, ermitaños o el tesoro de algún sabueso que tenga ganas de lamer un hueso. Para eso has quedado cráneo amar...gado.



Por Edgar Kerouac.

Diablo sobre ruedas


Odio el ruido de este horno de pan, me recuerda el rugido de un motor a ralentí, me recuerda al grito de auxilio de mi diablo sobre ruedas, que más que un grito es el mugido de una vaca, de una vaca vieja apunto de rendirse. Mi amigo me pide la jubilación, dice que se encuentra cansado, siente que ya no es el que era, avergonzado por el resto de bólidos jóvenes que se jactan de él, pero yo le animo, le miento, le digo que puede con esto y mucho más. Le susurro que tiene fuerzas para seguir comiendo carretera, fuerzas para gastar las ruedas que nos lleven entre anocheceres malva y amaneceres ámbar. Las estrellas nos envidian cuando nos ven tomando las curvas sin apenas frenar. La música nos envuelve, dándonos paz con la furia de las palabras de Jay Z, de Biggie o Tupac.

A veces abro el techo y dejo los rayos de luz pasar, el viento asola la tapicería, se aferra a los asientos, al embrague, acelerador y al freno. Entonces noto como mi viejo amigo siente que puede aguantar un día más, quizás dos o, por qué no, cientos más. Piso el acelerador y viajamos entre las hendiduras del tiempo, allá donde no hay prisa, donde el mundo te espera siempre, donde un beso no tiene principio ni final, donde la felicidad no te abandona aunque mires hacia atrás.

Te seguiré mintiendo mi pequeño diablo, pero sé que eres más sabio que yo y que no te tragas mis inocentes mentiras, ni siquiera yo lo hago. A tu billete le quedan pocos viajes, pero te has ganado las alas y estaré allí ese día para dejarte volar.



Por Edgar Kerouac.

El futuro de los bancos


Sé cuál es la intención de los bancos. También sé cuál es su futuro y, lamentablemente y en consecuencia, el nuestro. 
 
El dinero desaparecerá. La nueva moneda será la felicidad. Los bancos prestarán felicidad a un tipo de interés del 50% a pagar en tristeza propia. Todo se comprará con felicidad, incluida la felicidad misma. Aldous Huxley ya lo pronosticó en “Un mundo feliz”, no murió debido al tumor de la lengua y la debilidad que le acarreaba, como todo el mundo cree, lo mataron los banqueros porque sabía demasiado, sabía lo que harían con la felicidad, mancillarla, bajar su valor de tal modo que no sólo pudiese comprarse con dinero, sino que se convirtiese en el propio vulgar dinero. 
 
Sólo los bancos tendrán en su poder la felicidad del resto y, al igual que el dinero, no hay para todos. La consecuencia de no afrontar los pagos será una tristeza insufrible, debido a los, sumamente, altos intereses, por lo tanto, ser feliz implicará un excesivo riesgo. Andaremos día a día por la cuerda floja, con la soga bien anudada al cuello, funambulistas sin retorno ni alternativa.
Los bancos se deshicieron de Huxley con una burda tapadera. Asesinaron el mismo día al presidente Kennedy, de este modo, nadie se dio cuenta de lo que estaban dispuestos a hacer para ocultar la verdad que tenía Aldous Huxley. Su muerte pasó desapercibida, sus cenizas tardaron ocho años en regresar a casa, su Inglaterra natal, tiempo suficiente para esconder cualquier rastro de asesinato. Sin embargo, nadie pudo apagar su última voluntad y le fue leído, a su cuerpo difunto, el Bardo Thodol (Libro tibetano de los muertos), no pudieron evitar que encontrase la salvación, encontró la luz dentro de sí mismo. 
 
Huxley conocía la verdad y ahora yo la conozco y abro mi voz al mundo para decir que estoy listo para ser el siguiente, con la verdad en mi bolsillo. Sé lo que le espera a la sociedad, de qué calaña están hechos y no cerrarán mi cremallera verbal, las palabras, en muchas ocasiones, no son escuchadas por nadie, pero el viento se encarga de difundirlas.

Oiga, el que quiera, y sepa que el día que vendamos o compremos felicidad el mundo habrá muerto. Habremos llegado tarde a nuestra salvación. La paz interna dejará de existir. 
 
Cierto es que la felicidad es un mal amigo, te abandona sin dar respiro. No obstante, cuando vuelve, como un familiar por Navidad, lo acoges como si el mañana nunca vaya a llegar, como si no pudieses vivir sin él, porque la felicidad es oxígeno, podemos vivir sin ella cierto tiempo, mas si se alarga demasiado su ausencia morimos. A modo de información expongo: La muerte por infelicidad es más agónica que por asfixia. Todo aquél que experimenta la casi muerte por inanición de felicidad, queda marcado de por vida. Atrapado en un mundo paralelo, donde todos lo ven menos él a ellos. Las oleadas de fresca y rejuvenecedora felicidad le repelen, como dos polos positivos de un imán. Se vuelven seres inertes, como una piedras, que por más que la lances contra la pared, o la sumerjas en agua, o la dejes caer desde un avión a mil metros del suelo no sienten nada. Cuando un persona siente la mayor expresión de dolor una vez, ya no deja de sentirla nunca, hasta el punto de no volver a sentir nada jamás, ese es el verdadero dolor, la insensibilidad emocional. Estar vacío de cualquier sensación -positiva o negativa- , es la mayor de las tragedias.
Ya ha llegado el día en que gobiernos y bancos intentan usurpar y limitar nuestra felicidad. El día que consigan vendérnosla habrán conseguido su propósito, cambiar la raza humana por borregos de corta y pega. No guarden su felicidad debajo de los colchones y mucho menos en el banco. Gástenla. Utilícenla sin cabeza, pues no se agota, cuanto más se utiliza más se genera. No la mendiguen, búsquenla en ustedes y compártanla sin pedir nada a cambio. De vez en cuando prueben la amarga infelicidad, dúchense con ella, compartan piso con ella, invítenla a cenar, duerman con ella y levántense a su lado, lloren en el fotomatón con caras burlonas, sólo de ese modo medirán lo que vale la felicidad y sabrán porqué los bancos nos la quieren arrebatar.

La felicidad se halla en su archienemigo -la infelicidad-, quien siempre ha sido feliz no sabe lo que es.

Nadie es feliz en un mundo de infelices, así que ayuden al viento a difundir el mensaje.



Por Edgar Kerouac.