¡Oh cama, cuántos
momentos juntos!
Te ofrecí mi primer diente,
y lo vendiste al mejor postor,
un tal Pérez.
¡Oh, mi estrecho lecho!
Me viste perder la virginidad,
cometer mi primera infidelidad.
Tan incómoda y arrugada,
tan
dócil y apagada.
¡Oh cama! Si lo pienso bien
dejas mucho que desear.
No me consolaste cuando murió mamá,
tampoco cuando mi cara abofeteaba papá.
Tantas noches te lloré,
tú siempre tan sorda y muda
como si le hablase a la pared.
A primera vista acolchada y suave,
mas cuán dura eres con tus sábanas
a medio poner,
sin abrazos, ni besos de mejilla
en las pesadillas abandonado me quedé.
¡Oh cama! Nunca te he conocido
y
ya te pongo verde.
Ojalá estuvieras aquí,
conmigo,
bajo el solitario puente.
Tengo frío, ¿por qué no existes?
Quiero
verte.
Por Edgar Kerouac.
No hay comentarios:
Publicar un comentario