Imposible
no darle vueltas. Mi cabeza ahora mismo es como una noria, de esas que bajan al
pozo y suben con un cubo lleno de agua, para seguir girando y volviendo a
lanzarla al vacío. ¿Cómo un viernes de
resaca puedo acabar encadenado a tu sonrisa y un domingo estar hundido en unas
paredes que se me hacen inmensas, silenciosas y culpables? Sé que mientras
escribo esto estás con él, que te está enamorando mientras yo me pierdo por el
sumidero de tu ausencia. Prefieres una
persona madura, con las cosas claras y los pies en la tierra. Te has dejado
acunar por la rutina de la estabilidad, mientras yo solo soy una persona que
aparenta estar alocada, pero que en el fondo es un cobarde. Y lo leo aquí
porque no me atrevo a decírselo a tus ojos. Al final va a resultar que eres
como las demás y que eso que creí especial en ti, no lo era. Al final va a ser
verdad que todas buscáis lo mismo, la misma mierda que tienen los tipos
aburridos. Y sí, te dejas llevar por el que dirán, o por el que harás, sin
darte cuenta de que cuando se está es primavera y el otoño es el futuro, y
aunque veas que se caigan las hojas en mi cuarto no dejo de amontonar hojas de
papel en un vano intento de que hagas la primavera conmigo, y no con ese tío,
que aunque no lo conozco será el típico garrulo, el tengo un coche, un piso y
un trabajo estable. No sé qué es reírme si no lo hago enfrente de mis amigotes
y de unos billetes por los que me he pelado el culo, pero aquí aparento que amo
mi curro, y te llevo de viaje a donde quieras, por supuesto invita la casa,
aunque para llevarte a la cama ya me estás saliendo cara.
Yo
comparto piso, tengo que pedir dinero a mis padres para llegar a fin de mes y
si voy contigo a cenar y vamos a pachas me enamoras. Grito por la calle aún
cuando no estoy borracho, y si no consigo hacerte reír no me voy contento a
casa. Pero eso se ve que no es suficiente, que soy un niño casi de chupete, así
que vete. Me voy, me voy y ya no es contigo, si no con mujeres que no me
llenan, aunque yo a ellas sí
literalmente. Y sin embargo siento que son lágrimas y no una corrida, y
no me sirve de nada porque contigo lo que más me gustaba era el abrazo de
después, y con ellas lo único que quiero es salir huyendo de su casa, o de la
mía.
Y sigo
dándole vueltas, hasta vomitar todo esto porque de tanto girar, he acabado
mareado. Aunque sé que seguiré girando
cada noche hasta que por fin, aparezca algo y lo cambie todo.
Espero que sea
pronto.
Por Carlos Pelerowski...acabo de encontrar esto de hace unos meses no recuerdo en qué momento lo escribí, asi que supongo que iba ebrio de vino y soledad.
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