domingo, 30 de septiembre de 2012

Transnochado.


De nuevo apareció Henry. Eran altas horas de la madrugada, y después de deambular por varios bares llegó a uno que nunca había vito. McGregor´s, se llamaba. ¿Tal vez uno de esos cientos de pubs irlandeses que afloran últimamente? Su cabeza le pedía otra cerveza. Su hígado volver a casa. Una vez más la cabeza fue quien ganó el combate. Su alma, el punch-ball que seguiría recibiendo golpes hasta resquebrajarse por fin. Entró. Era un tugurio. Poca luz y menos gente todavía. Se sentó en una silla y pidió una cerveza. El camarero le miró como pensando “  hijo de puta, si me la lías te abro la cabeza sin dudarlo”.  Henry miró a su alrededor. Un viejo tuerto bebía solitario. De su cuenca vacía parecía brotar una lágrima. Aunque era imposible. También había un hombre de unos 40 años al que le faltaban algunos dientes. Ropa vieja, brazos desgastados. Exyonqui, fue su veredicto. Y más alejada, en un rincón se encontraba una mujer de unos 30 años. Él la miró, y sonrió. Ella también sonrió y fue hacia el baño. Le hizo un gesto: “ Sígueme”. Henry no lo dudó y la siguió. El baño estaba realmente sucio, pero no importaba. Ella le desabrochó los pantalones y se introdujo el pene en su boca. Henry parecía estar en el paraíso. Luego ella se dio la vuelta y le dijo: “ Por detrás”. Henry hizo caso, y la metió con furia…

Bianca estaba cansada. Eran las 4 de la madrugada y no había tenido más que un par de clientes. Así que decidió ir al McGregor´s a tomarse algo. Era un local andrajoso, pero al menos ahí no era juzgada. Cuando llevaba unos diez minutos apareció un borracho. Pero era atractivo y a ella le gustaba. Le hizo un gesto y ambos fueron al baño. Allí, después de ponérsela dura, quiso ser penetrada. Y lo consiguió…

Cuando ella se fue, Henry se dio cuenta de todo. Un transexual. Salió del baño sin saber que hacer, ni mucho menos que decir. El tuerto ahora no paraba de reír, y el yonqui se había esfumado. El camarero se acercó y le dijo:
-Son 35 euros.
-¿Por una cerveza? ¿Qué clase de precio es este?
-La cerveza son 2 euros. Pero lo del baño no es gratis, amigo.
-No llevo tanto dinero encima, lo siento.
-Pues es un problema caballero.

Acto seguido apareció un gorila, que sin decir nada abofeteó a Henry. Él estaba ebrio y no lo esperaba, asi que se dio de bruces contra el suelo. Le sangraba la nariz. Las lágrimas le impedían ver bien, pero logró ver a Bianca con una sonrisa maliciosa. No entendía que había pasado. De nuevo volvía a ser un perdedor. El boxeador que besa la lona. Mientras se fue como pudo del bar,  las lágrimas se sucedían una y otra vez. De fondo, la risa del anciano tuerto se hacía un eco interminable, que duraría una noche, y otra, y otra…




Por Henry Borowsky...

viernes, 28 de septiembre de 2012

Guillotina


Rodaron cabezas, cabezas sin cerebro. Giraron dos o tres veces, formando tirabuzones en el aire, hasta que cayeron por las escaleras. Uno, dos, tres...siete escalones de madera, sin rastro de sangre. Cabezas huecas, pero sonrientes. Resplandecientes mariposas se posan en aquellas cabezas, cuyos ojos mantienen vivo a un ser humano, ojos brillantes de ilusión, una ilusión que parece tener fuerzas para no apagarse nunca, haciendo digno lo que el vacío cerebro no pudo hacer jamás.
Vuelven a rodar cabezas, esta vez con cerebro. Cabezas que chocan sin gracia contra el suelo, dejando escapar ideas, sentimientos y hasta el último rastro de conocimiento. Las cabezas caen violentamente por los siete escalones, quedando, al final, la cara boca arriba, con un aspecto infernal, ni siquiera las moscas quieren aproximarse, ni los necrófagos buitres degustar esa triste carne. Los ojos de esas caras muestran las más grandes atrocidades, ojos de cuervo, ojos no bienvenidos en el paraíso, ojos sin música, ojos con la única esperanza de no seguir viviendo. Ojos con un mensaje grabado “la inteligencia duele”.


Por discípulo de Maestro Sho-Hai... 

Cuando la noche llega el silencio te atrapa

Peter quiere cereales, pero sólo hay pan de ayer, duro pan de ayer para hacer tostadas. Peter quiere mermelada para untar en las tostadas, pero no queda, únicamente una pequeña cucharada de mantequilla para los cinco miembros de la familia. Peter quiere tomar zumo de naranjas recién exprimidas, su madre le comenta que sólo queda amargo café. Peter quiere unas Jordan en sus pies, como los niños de su clase, su madre le dice que en Cáritas no hay esa clase de zapatos. Peter no quiere compartir cama con su hermano menor, pero no hay más habitaciones, ni camas libres. Peter quiere ir al colegio en bus con sus compañeros y no tener que caminar un kilómetro y medio todos los días, pero en casa no hay dinero para pagar el transporte escolar, ni para un coche, ni para una vieja y oxidada bicicleta. Peter quiere ir a la peluquería y no tener que raparse la cabeza en casa, su hermana siempre le deja trasquilones. Peter quiere a Mel, una chica de su clase, pero a Mel Peter le repugna, dice que huele mal y viste con ropa andrajosa, le llaman el niño vagabundo. Peter quiere dejar de ser pobre, a esa cuestión su madre no le puede responder nada...
Peter llora cada tarde cuando regresa a casa, su madre siempre le arropa y le canta canciones, canciones de un futuro mejor. Su hermana mayor juega con él para levantarle el ánimo. Su hermano pequeño, le besa una y otra vez, y le llama “héroe”. Su padre le sube en sus hombros y galopa como un caballo, entonces Peter ríe a grandes carcajadas. El sonido de la risa de Peter es maravillosa, resuena en un si bemol perfecto. Los vecinos escuchan todos los días, a la misma hora, esas risas y piensan “¡Oh!¡Qué familia tan feliz!”.
Sin embargo, la noche llega, irremediablemente siempre llega y trae consigo el silencio. Hay que estar preparado para soportar el silencio, innumerables personas han muerto tras volverse lunáticos en las largas y silenciosas noches. El silencio te hace pensar, hurgar en el baúl prohibido, no te deja distraerte. Mientras estás rodeado de la muchedumbre no alcanzas a poner en orden tus ideas, sin embargo, con el silencio, es imposible no hacerlo y revolcarte en tu oscura intimidad.
El hermano pequeño de Peter, Julian, aguanta perfectamente las noches y el silencio, pues aun no es consciente de la realidad. Julian sueña despierto, no necesita dormir para hacerlo. Cuando no comprendes las consecuencias de la pobreza puedes divertirte con ella con suma facilidad, eso es lo que hace Julian día y noche, con atronadores ruidos o en el inmutable silencio, moldea el concepto de pobreza hasta convertirlo en ridículo e inofensivo.
Las noches para Peter son la antesala de las pesadillas, incluso a veces peores que las propias pesadillas. Suele agarrarse fuerte al edredón con una mano y con la otra coge a Julian, que duerme con él, de la mano. Peter tirita de miedo en ese profundo silencio, por lo mal que lo pasa durante el día, sólo le queda la esperanza de rezar para que mañana sea mejor, pero Dios tiene demasiado trabajo...
Sam, la hermana mayor de Peter, duerme en la misma habitación que sus hermanos, pero en otra cama. Los hermanos de Sam están cerca suya, pero la noche los aleja a millares de kilómetros. El silencio oprime a Sam, la encarcela entre cuatro paredes de duro ladrillo, únicamente dejándola una salida, trepar por las paredes, pues no hay techo. Las paredes miden diez metros de altura, por cada metro la esperanza de salir de aquella prisión se hace más pequeña. El haber una salida y la esperanza de poder escapar, pero siendo consciente de su imposibilidad, es una tremenda crueldad, es morir asfixiado lentamente. Los tristes pensamientos de Sam retumban cada día en aquellas gruesas paredes, esperando poder salir de esa cárcel de ladrillo o simplemente esperando que se apague el último rayo de esperanza. Sam odia las noches y sus silencios, pues le hacen revivir el día, obviado por el ruido diurno, que evita la tormentosa consciencia.
Los padres de Peter apenas duermen por las noches. Cuando cierran la puerta de su habitación se quitan la máscara que portan durante el día. Tras esa careta aparecen caras que asustarían a Caín, caras erosionadas por el derrame continuado de las lágrimas nocturnas. Sus ojos apagados, por las penas que sufren pensando en lo desgraciados que son, en su poca fortuna, en el futuro de sus hijos. Ellos se mienten con la idea de que con el amor basta para ser feliz. Los padres de Peter se abrazan fuerte, sin el valor de mirarse a los ojos y verse reflejados a ellos mismos. Duermen muy poco, lo justo para recuperar las fuerzas que menguan a cada minuto, fuerzas necesarias para soportar otro terrible día y la posterior muerte del día...la noche.
El sol aparece con sus rayos invasores y desagradables, atraviesan los cristales y despiertan sin piedad a Peter y su familia. Todos abren los ojos a la vez, excepto Julian que continúa saboreando los dulces sueños de la inopia. El resto de miembros de la familia se quedan tumbados unos minutos, en sus respectivas camas. Apenas respiran, no hablan, se mantienen rígidos, evitando acariciar el aire, intentando alargar el momento de levantarse y disfrutar de un nuevo, aunque siempre el mismo, horrible día.
Bajan a desayunar con sus sonrisas del infierno, menos Julian que sonríe con auténtica felicidad. El esfuerzo de combatir la dureza de sus vidas es una carga pesada en demasía, no obstante, la apariencia de Peter y su familia es de alegría desbordante, forman una bonita postal, cinco risueños católicos en una mañana soleada.
Cuando Julian comprenda la situación de su familia y esa sonrisa permanente comience a cansarse y a formar una desfigurada cara triste, entonces Julian empezará a temer las noches y sus silencios. Pronto llegará este momento, la familia de Peter, y él mismo, no soportarán que otro miembro profundice en las telarañas del apocalipsis mental.
Una familia que sólo puede esperar un milagro, un enorme golpe de suerte que cambie la situación, esa familia está abocada a consumirse lenta y dolorosamente. Mas, siempre queda la opción de vender el alma al diablo, a cambio de una felicidad pasajera. Los padres de Peter los pensaban todas las noches, mientras acariciaban con dulzura sus crucifijos y rezaban para no caer en la tentación.
George, el padre de Peter, tras besar la frente de sus tres hijos y practicar sexo con su mujer, por última vez, fue un coito entre lágrimas y furia, donde las blasfemias apunto estuvieron de romper los ventanales y donde George descargó todo lo que le quedaba, quedó vacío encima de Clare, su mujer.
George se despidió de su catolicismo y pactó con el diablo la felicidad de su familia. Claro está que no habría un beneficio sin un perjuicio. La parte negativa del trato decidió asumirla unilateralmente George, mientras Peter, Julian, Sam y Clare vivieran felices el resto de sus vidas. George tuvo que cargar con la tristeza de toda su familia. Toda esa tristeza, ira, oscuridad se concentró en su cuerpo, bloqueaba mente y cuerpo, impedía obedecer sus deseos. Se convirtió en un muerto viviente, sin lágrimas, sin expresión alguna, se limitaba a sentarse en una silla de cara a la pared, sin hablar, sin comer.
Al cabo de una semana George había envejecido veinte años, vagaba a duras penas por la casa, sin mirarse al espejo, mejor que no lo hiciese, no reconocería ese raquítico cuerpo. A las dos semanas George era un anciano que no controlaba sus esfínteres, al que le costaba recordar a su familia, creía vivir, si a eso se le podía llamar vivir, entre desconocidos. Había olvidado el motivo de su enorme sacrificio, ¿de qué había servido pues todo aquel sufrimiento?. Antes de cumplirse la tercera semana, George murió con los ojos abiertos, en el silencio de la noche, tras aquellos ojos vacíos, sin ningún tipo de expresión, mirando hacia ninguna parte, podía dilucidarse escondido, al fondo de aquellos ojos sin vida, un pequeño George ardiendo en llamas, no dejando de sufrir ni después de muerto...
Tras la muerte de George, la familia de Peter, y él mismo, fueron felices, les tocó la lotería y todos sus problemas se esfumaron hasta que murieron. Rápido fue el funeral de George y más rápido su olvido. Sin embargo, tras el día llegaba la noche con su inseparable silencio. Seguían siendo felices, pero nadie es dueño del silencio, ni siquiera el diablo, y los remordimientos flotan en el silencio como las gaviotas el mar, con preguntas sobre la moralidad ¿se puede ser feliz a costa de la tristeza mortal de un padre/marido?. Estos pensamientos duraban poco tiempo, pues el día precede la noche y el río vuelve a su cauce, sin silencio, sin martirio, sin memoria...


Por discípulo de Maestro Sho-Hai...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Vaivén de dudas

¿Cuándo moriré?
¿Seré más feliz que infeliz?
¿Volveré a ver a mi padre?
¿Comeré con las manos en Tailandia?

¿Aprenderé a tocar el piano?
¿Me romperán la nariz en una pelea?
¿Gritaré a los dioses mi descontento?
¿Abrazaré a un vagabundo que tirite de frío?

¿Silbaré en la oscura noche para evitar tener miedo?
¿Comprenderé algún día mis pesadillas?
¿Veré sirenas llorar?
¿Reiré desnudo bajo la lluvia?

¿Maltrataré a un perro y me arrepentiré de ello?
¿Bailaré claqué rodeado de lobos?
¿Sangraré y no me dolerá?
¿Lloraré y moriré de dolor?

¿Me dejaré barba para esconder mi sonrisa?
¿Intercambiaré los zapatos con una mujer?
¿Tatuaré cada profunda herida en mi piel?
¿Me rascaré el escroto delante de una anciana?

¿Viviré tantos años como para desear estar muerto?
¿Moriré antes de haber vivido?
¿Defecar dejará de ser placentero?
¿Romperé un violín en la cabeza de un policía?

¿Reconstruiré mi corazón con mis propias manos?
¿Beberé whisky hasta que la locura no quiera abandonarme?
¿Fumaré puros con el Diablo?
¿Dios me abofeteará por pensar como pienso?

¿Encontraré la dignidad perdida?
¿Respetaré a aquellos que no me respetan?
¿Amaré a más personas de las que me amen?
¿Mantendré mis amistades?

¿Seré juez y a la vez verdugo?
¿Cantaré para no perder la esperanza?
¿Rezaré cuando haya perdido la esperanza?
¿Besaré los pies de la mujer que libere mi alma y después la tricionaré?

¿Adoptaré un niño?
¿Compondré la banda sonora de mi vida?
¿Venderé mi orgullo por la mujer que quiera?
¿Seguiré queriendo a mi madre cuando muera?

¿Mataré patos para divertirme?
¿Simularé que no tengo vergüenza?
¿Me desharé de la cobardía que cargo en la espalda?
¿Escucharé el sonido de una bala atravesando carne humana?

¿Practicaré el coito en un probador de ropa?
¿Tendré miedo cuando pase un día en el calabozo?
¿Escupiré verdades a mi jefe?
¿A dónde iré después de morir?

Cuándo cesarán estas dudas, cuándo aparecerá una nueva, cuándo se disipará una duda sin haberla resuelto...

Sólo son dudas, nada más que eso, dudas, mis dudas. No necesito resolver mis dudas, me gustan tal como son. Una mezcla de incertidumbre y sentimientos que dan lugar a una imperfección abstracta bella y horrible a partes iguales. Las quiero como si fueran mis hijas y las odio como a la monotonía.

                                                       Reproduction Interdite de René Magritte

Por discípulo del Maestro Sho-Hai...

sábado, 22 de septiembre de 2012



Comiendo cereales en una tierra que no es la mía. El alcohol embriaga mis sentidos. Todo parece un poco más distinto. Tal vez el mundo a mi alrededor está cambiando. La lluvia de Portugal hace que me desprenda de toda mi ropa, que quiera sentirla como una segunda piel. Tal vez sea para ahogar mis lágrimas, o tal vez ara sentirme libre. Nunca lo sabré. Me encuentro solo en un sitio que no es mi entorno, y a veces tengo miedo. Tengo miedo de que aquí no disfrute de mi vida, y por eso bebo. Beber es sinónimo de amor, o al menos en mi caso. La botella de vino tinto barato portugués se ha convertido en mi mejor amiga. Es triste, pero es verdad. Y ahora, después de una noche de fiesta en la que he bebido hasta perder la razón me encuentro en mi casa a las 7:00 de la mañana tomando un bol de cereales con leche. Y la verdad, ninguna comida, por muy cara o buena que haya sido, me ha sentado tan bien como este ínfimo cuenco, pues en los más recónditos lugares o las más insignificantes comidas se puede encontrar la paz, y lo que es mejor, la felicidad.  ( Sigo sin ser feliz del todo, pero este cuenco de leche con cereales me está sentando como una especie de, espera que no recuerdo la palabra, metadona joder, eso es; metadona. Esta leche con cereales es la metadona de mi felicidad en este instante, y sólo por eso me dormiré con una sonrisa en los labios)


Por Henry Borowski...