viernes, 1 de agosto de 2014

Etapa


La carrera de fondo terminó. Cinco años que parecían un mundo al inicio y ahora parecen un bostezo, un parpadeo fugaz, un suspiro sin respiro, sin inicio, pero con final.

Y no me siento más importante, ni siquiera diferente, por supuesto no más sabio, pero sí infinitamente ignorante.

Ahora los pasos -que en un principio pensaba que serían firmes- son sinuosos y endebles, y el camino carece de asfalto y no se le espera llegar. Sin farolas que iluminen y dejen claro el trayecto, sin un perro guía que me ayude con esta ceguera.

Hubo (hay y habrá) unos jinetes con los que troté, sobre harapientos y débiles corceles durante este tiempo. Unos jinetes que me enseñaron a matar al tiempo, a llegar donde la mente impide llegar, a que la distancia no destruye la amistad.

Ahora, con licencia en mano, debo tener respuestas a preguntas y problemas, los cuales creo que no se solucionan entregándoles mis poemas. La responsabilidad de otras vidas, sin saber si lo soy con la mía.

Esta vida que nos ha tocado, son etapas, unas de corta duración, otras que nunca acaban. Algunas encienden cerillas en nuestros esternones, incendiándonos como luciérnagas pululeantes, incitándonos a saltar acantilados sensoriales y océanos de paja; sin embargo otras, sólo pasan al olvido, y qué triste es caer en el olvido, no ser recordado para nadie, ni siquiera para ti.

Paso a cerrar la tapa de la caja en la que guardo estos cinco años. ¿Qué olvidaré mañana? ¿Qué imágenes y sapiencias aparecerán mientras dormito despierto? Sólo sé que -como mis jinetes- soy un extraño en esta profesión, en este mundo en el que decidimos sumergirnos y el cual ahora pertenecemos sin pertenecer. Y no deseo ser el mejor, ni siquiera un igual, sólo aportar odiseas nuevas a este mundo el cual queda mucho por explorar.

La arena sigue cayendo sin cesar, la vida se acorta, la memoria deja hueco a nuevas personas, suprimiendo a antiguas...así de cruel es la esfera azul en la que habitamos.


¡Auf Wiedersehen! Hasta que los senderos -que siempre son circulares- vuelvan a posicionarnos frente a frente. 





Sellado por Edgar Kerouac. 

Brillo Cegador


  Brillo cegador.

A un palmo de mi nariz la nada, estupefacto y paralizado cada músculo, cada idea. Diminutos puntos blancos se posan en las cuencas de las cuencas de mis ojos. Rígido, abro los ojos sin poder hacerlo. Tras mis párpados cerrados, rayos de luz de paz o guerra. El tiempo queda destruido, igual que el viento y el soplido de los dioses que existen sin existir. Pero el vacío sigue allí, o quizás esté dentro, en mi interior, y yo soy el ánfora que le da cobijo.

Nadie grita, ni habla, ni siquiera un susurro que no sea mío. El silencio es nadie y nadie me abraza con su voz en la soledad tibetana involuntaria de mi ser.

No hay venda, ni manos que oculten mis ojos, no hay alguien que fuerce que mis ojos sigan cerrados, pero así siguen. Me siento en un cubículo diminuto, el cual no veo, sólo lo percibo y llueve miedo en mí. Tal vez perdí los ojos de ver lo que no quería, puede que los vendiese a alguien que los supiera utilizar, quizá los tragué para mirar donde nadie miró.

Un árbol me contó un día un secreto, pero no entendía el lenguaje de los árboles y no pude descifrar qué quería compartir conmigo. Ahora que los cristales de mis ojos están tintados de negro, he alcanzado el mensaje del árbol. Traducido queda:

                                                                                  Sin ojos
                                                                           siento el viento.
                                                                                  Sin ojos
                                                                   oigo el cantar del gorrión.
                                                                                  Sin ojos
                                                                   toco el centro del mundo
                                                                     y por él me dejo tocar.
                                                                                  Sin ojos
                                                               veo lo que tú dejas de mirar.


Al encajar las piezas de un puzzle sin fin se entrecruzan sensaciones dispares. La incrédula felicidad de la imagen hallada y la tristeza del hallazgo. Consciente del incómodo vacío y feliz por al fin poder verlo, me desmorono hacia la mina más profunda del universo y, a la vez, alcanzó la cima de nubes sólidas. 





Por Edgar Kerouac. 

lunes, 14 de julio de 2014

Noche de verano, el mosquita pica en el alma.

Que a veces la soledad me abruma,
entrando de noche por mi ventana,
 sin permiso, y
 como esos mosquitos,
pica sobre mi piel,
dejándome un escozor que aunque intente paliarlo
 no lo consigo.

Que ya no sé si quiero un abrazo
 o un polvo,
y mucho menos que es lo que más
 necesito,
pero hace tiempo ya de los dos
y me siento
vacío.

Que no sé lo que quiero,
 y mucho menos lo que no.
 Que añoro unos besos que nunca
me dieron
 igual que aquellos que sí,
 que se acercaron lentamente a mis labios.
Que mata más el recuerdo
de lo que no sucedió,
que del pasado. 
Que tal vez seas de otro
y no pueda hacer nada,
o yo no me atreva.

Que este poema se acaba,
 y sigo igual de perdido.
Que necesito un trago,
y empiezan a ser demasiados.
Que el calor me abraza,
 pero no son tus brazos.



                                                          Que que que….


Por Carlos Pelerowski

jueves, 12 de junio de 2014

Un nuevo soñador


Una nueva visita,
un nuevo soñador,
porque los sueños
no son sueños,
son lo que son.
Si entras en nuestras letras,
no esperes lo mejor,
somos dos locos
buscando no tener razón,
abriendo nuestros cuerpos en canal,
floreciendo con palabras
lo que sentimos,
nada más.

Autoproclamados Beats
pero malditos como
Rimbaud, Baudelaire,
Verlaine o Keats.

Somos lo que escribimos
y escribimos para vivir.
Y ¡tú! soñador que estás ahí,
inspirando nuestro alma en silencio,
escondiéndote del bullicio de tus problemas,
de los pájaros ruidosos -de petroleo- que vuelan,
de los trabajos sin sentido,
de un paraíso demasiado caro,
del hombre o la mujer a la que amas
y que jamás se lo has contado...

Os prometemos que no os daremos la solución,
sólo somos dos locos escribiendo,
intentando salir como vosotros
de nuestra prisión.




Por Edgar Kerouac.

miércoles, 11 de junio de 2014

Cut-Up Inspirado


¡Ai pájaro! ¡No tienes un Avatar! O ¿crees que no te conozco?
¡Conciencia, hablas como una meteoróloga!
¡Literatos!¡Ved el sol!
¡Cuidado! Matan los modelos de comunicación.
Asimilando, mientras lo decía,
que Winston en mis pulmones vivía.
Narigudo, narigudo ¡no habían zapatos mejores!
Chsss ¡Idiota!¡Qué dos calaveras pueden tener corazón!
¿Serás capaz de darte cuenta del cambio?


Porque los cambios son energía, alguien te toca con su dedo índice y hace estallar cada una de tus venas y arterias, y no por solapamiento de sangre, sino de electricidad. Te iluminan como si fueses un árbol de navidad repleto de lucecitas de variopintos colores. Y esa energía no viene de la destrucción, es pura creación transformadora. Modifica tus enlaces neuronales y sigues siendo tú, pero una versión avanzada de ti mismo, la cual seguramente no sea mejor, ni probablemente peor. Son experiencias datificadas y reunidas en pequeños bloques de memoria, salvaguardados por los cinco perros de los sentidos. Ese cambio que es energía y es tiempo, es inevitable, como respirar. Nunca es un paso atrás. Somos temerosos al cambio, pero están a la orden del día. No temáis, ellos os temen más a vosotros. 




Por Edgar Kerouac. Inspirado por las palabras de la Reina electricidad, que modifica y produce cambios en la vida real.