Me gusta la lluvia, me encanta ver las lágrimas del
cielo, saber que hay tristeza en otros corazones como en el mio. Me
gustan las nubes grises y espesas que invaden el cielo cuando llueve.
El ruido de las gotas chocando contra el asfalto, invitándote a la
paz. El flash de los rayos y el posterior sonido retumbante. Magia
sin igual la de la luz, llega siempre antes que cualquiera, nunca
espera a su hermano el sonido.
El placer de sentir la lluvia correteando por tu piel,
sin dirección fija, en un simple y a la vez complejo orden
aleatorio, en ese momento me siento importante. En ese día mañanero
que de pronto se ha convertido en noche de fuegos artificiales, donde
mirar hacia arriba te conduce a recuerdos que parecían ya olvidados.
Al igual que a las plantas les viene bien la lluvia, a
mi sonrisa le ocurre lo mismo, con la lluvia siempre aparece, como
los caracoles.
Cierto es que la lluvia se caracteriza por ser triste,
porque tiene el poder de acabar con los colores vivos, el ambiente se
tiñe de oscuras tonalidades, no por ello menos majestuosas. Aun así,
hay que admitir que la lluvia es arte, como las lágrimas de una
niña, belleza en estado puro.
Me atrae esa nostalgia que produce la lluvia, parece una
película en blanco y negro, con su banda sonora de zapatos
chapoteando negros y resplandecientes charcos; el viento batallando
con las fatigadas ramas de los árboles, adelantando el otoño,
haciendo que las hojas planeen zigzagueantes hasta el mojado suelo, hipnotizadas por la música de un violinista;
las olas enfurecidas intentando invadir terreno no conquistado...una
verdadera delicia para los oídos.
Es inconfundible el olor a lluvia, ese olor a la fresca
nada, purifica los pulmones y revitaliza el alma. Transportándote a
la montaña más alta, en el silencio de tu mente, con la panorámica
de la memoria de tu corazón.
Miro hacia la calle y veo oscuridad, miro los edificios
y todas aquellas luces encendidas tras las ventanas, parecen enormes
luciérnagas.
Me ilusiona pensar que la lluvia no tiene nada que ver
con el clima, yo siempre creo que es una tregua entre cielo e
infierno, donde los ángeles lloran y expresan su ira con relámpagos
y fuertes tempestades, mientras que los demonios, que también
lloran, zarandean el mar con rabia, desahogando sus penas, y
oscurecen las calles, aterrorizando a los seres vivientes...
Por discípulo de Maestro Sho-Hai...

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