miércoles, 3 de octubre de 2012

28 de septiembre, día de lluvia


Me gusta la lluvia, me encanta ver las lágrimas del cielo, saber que hay tristeza en otros corazones como en el mio. Me gustan las nubes grises y espesas que invaden el cielo cuando llueve. El ruido de las gotas chocando contra el asfalto, invitándote a la paz. El flash de los rayos y el posterior sonido retumbante. Magia sin igual la de la luz, llega siempre antes que cualquiera, nunca espera a su hermano el sonido.
El placer de sentir la lluvia correteando por tu piel, sin dirección fija, en un simple y a la vez complejo orden aleatorio, en ese momento me siento importante. En ese día mañanero que de pronto se ha convertido en noche de fuegos artificiales, donde mirar hacia arriba te conduce a recuerdos que parecían ya olvidados.
Al igual que a las plantas les viene bien la lluvia, a mi sonrisa le ocurre lo mismo, con la lluvia siempre aparece, como los caracoles.
Cierto es que la lluvia se caracteriza por ser triste, porque tiene el poder de acabar con los colores vivos, el ambiente se tiñe de oscuras tonalidades, no por ello menos majestuosas. Aun así, hay que admitir que la lluvia es arte, como las lágrimas de una niña, belleza en estado puro.
Me atrae esa nostalgia que produce la lluvia, parece una película en blanco y negro, con su banda sonora de zapatos chapoteando negros y resplandecientes charcos; el viento batallando con las fatigadas ramas de los árboles, adelantando el otoño, haciendo que las hojas planeen zigzagueantes hasta el mojado suelo, hipnotizadas por la música de un violinista; las olas enfurecidas intentando invadir terreno no conquistado...una verdadera delicia para los oídos.
Es inconfundible el olor a lluvia, ese olor a la fresca nada, purifica los pulmones y revitaliza el alma. Transportándote a la montaña más alta, en el silencio de tu mente, con la panorámica de la memoria de tu corazón.
Miro hacia la calle y veo oscuridad, miro los edificios y todas aquellas luces encendidas tras las ventanas, parecen enormes luciérnagas.
Me ilusiona pensar que la lluvia no tiene nada que ver con el clima, yo siempre creo que es una tregua entre cielo e infierno, donde los ángeles lloran y expresan su ira con relámpagos y fuertes tempestades, mientras que los demonios, que también lloran, zarandean el mar con rabia, desahogando sus penas, y oscurecen las calles, aterrorizando a los seres vivientes...


Por discípulo de Maestro Sho-Hai...

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