El
licántropo busca su compañera nocturna, aúlla perdido entre calles llenas de
odio y desesperanza, sin su fiel compañera, la Luna. Así que ataca a esa niña,
la muerde, la destroza con sus colmillos mientras ella llora. Es un lobo que a
veces es hombre, es una bestia escondida debajo de un traje y una corbata, es
el empresario sin escrúpulos que golpea a su esposa, porque es demasiado vieja.
Él solo quiere a su caperucita.
El
muerto que resurge de su tumba, sin corazón ni cerebro. Sólo busca alimentarse,
tener más y más, acumularlo todo. Más ropa, más coches, una casa mejor que su
vecino. Él cree que está vivo, sin saber que nació muerto. A veces se mira en
el espejo y es tu reflejo el que está al otro lado.
También
aparece la mujer creada por el doctor, también llamado Sociedad. Hecha a
retales, patriarcado, machismo, desigualdad. En conjunto es todo lo que
queremos, aunque no sabemos que algún día se enfrentará a su creador, y ese día
todos temblaremos.
El
vampiro ya no se alimenta de sangre. Como el de Benedetti, ha convencido a
todos para beber agua. Ha perdido su naturaleza y con ella su razón de ser.
Ahora no succiona sangre, ahora solo se alimenta de un planeta que poco a poco
va secando y dejando estéril.
La
Santa Compaña ya no deambula por los caminos, porque ya no quedan. Iban por la
autovía y una serie de coches los atropelló a todos. Y con ella, se fue nuestra
fe.
Hoy es
el día de los muertos, aunque como le pasó a Orwell con los hombres y los
cerdos, sea casi imposible discernir quien tiene un corazón que late, y quien
no.
Feliz
Halloween.
Carlos Pelerowski
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