martes, 18 de marzo de 2014

10 consejos con posdata



1- Mírese en el espejo. Escoja el mejor día de su vida. Redúzcalo a una imagen. Sórbalo hasta que envuelva su campanilla, acaricie su esternón y le dé una palmadita en el corazón. Vuelva a mirarse en el espejo. Grabe la expresión de su cara en su bolsillo. Gire el pomo de la puerta y salga a la jungla de alquitrán.

P.D. Recuerde que en su bolsillo hay magia.


2- Despiértese de madrugada. Salga sin ropa de su casa. Diríjase al mar. Siéntese en la orilla y sienta el baile del mar. Cuando comience a bailar con el agua -nunca antes- saque su caña imaginaria y láncela tan lejos como pueda. Pesque una estrella. Regálesela a quien desee.

P.D. Tenga paciencia al intentar pescar la estrella.


3- Súbase al tejado de un edificio. Saque un papel en blanco. Escriba el pensamiento más puro que jamás haya creado. Haga del papel un avión. Láncelo a favor del viento. Espere. Espere. Espere. Hasta que esté listo.

P.D. El pensamiento debe ser sencillo como un haiku japonés. En caso de no haber viento, espere.


4- Diríjase a un orfanato. Sea padre y madre de cada niño y niña. Luego, sea hijo e hija de cada uno de esos niños y niñas.

P.D. Después de esto dejará de ser el mismo.


5- Vaya al banco. Dígale al banquero que le quiere. Vaya al cuartel de la policía. Dígale al teniente que le quiere. Vaya a la Moncloa. Dígale al presidente que le quiere.

P.D. Deje que el amor les atormente.


6- Camine hacia el zoológico. Visualice a cada animal enjaulado. Métase en la jaula de los gorilas. Conviva con ellos. Tras 10 años salga de la jaula. Viva con normalidad.

P.D. Puede que tras 10 años olvide que está en una jaula y no intente salir.


7- Deshágase de todas sus pertenencias. Viaje sin rumbo. Ayude sin intentar ser ayudado. Escriba en los árboles, las piedras, las farolas o fachadas. Conozca desconocidos. Muera sin tener nada material.

P.D. El mundo será suyo.


8- Cierre los ojos. Piense que puede hacer cualquier cosa. Visualice cada paso, cada detalle, cada forma. Abra los ojos.

P.D. Hágalo.


9- Suba una escalera. Busque una escalera mayor. Súbala. Encuentre una escalera mayor. Súbala. Busque una escalera con más peldaños. Suba cada uno de ellos. Suba la mayor escalera posible. Busque la primera escalera que subió. Mírela.

P.D. Y respétela.


10- No lea mis consejos.

P.D. Escriba y lea los suyos. 





Por Edgar Kerouac. 

jueves, 13 de marzo de 2014

Padre II


Estás borrándote de mi recuerdo,
con dificultad logro verte lúcido,
tiempo y remordimiento que muerdo,

tu olvido en mis sentimientos, sumido
me encuentro en el desconsuelo inmenso.
Estoy presente y el corazón ido.

Palabras, yacen en mi cuerpo denso,
palpitantes tambores africanos
rompiendo en sonidos que ya no pienso.

Creando tercetos, Ludovico al piano,
dándote la vida en mis oídos
cuando sé que ya todo es en vano.

¡Tú! partiste mi joven alma en dos,
herida cicatrizada, abierta sin razón,
cerrada aquí, donde estoy cohibido,
viendo en mis letras, tu corazón.





Por Edgar Kerouac.

Circo trágico

 
Un circo vacío, cuyas luces ya no brillan, los camiones llevan años sin moverse de aquel descampado. El olor nauseabundo mezclado con la penetrante humedad dan como fruto una estampa podrida. La poesía que envuelve el aura de cualquier circo descendió a un pozo sin fondo, la alegría se ha ido, rodando hacia otra ciudad con otro circo.

Los elefantes apestan a alcohol y pesimismo. La mujer barbuda se ha enamorado de un buda mudo, con menos pelos que un recién nacido sin lanugo. El hombre bala es eyaculador precoz. El mago, que en su día fue ilusión en niño y que aprendió sus trucos con magia borrás, ahora es un borde sin escrúpulos, ofreciendo tristeza a los demás. Los tigres se han quedado sin rayas, sin sus deslumbrantes tonos naranjas, sin dientes...dejaron de impresionar a los niños valientes. La carpa que cubre el lugar está deshilachada, sucia, insegura y letal como el aguijón de un gigantesco escorpión. Los tickets mueren sin ser vendidos y la taquillera envejece de cuatro en cuatro, como los caninos. Los payasos perdieron su gracia tan fácil como la pintura con la que se adornaban. Domadores domados, sin ser amados. Trapecistas vendiendo sus trapecios, cobardes, sin ganas de enfrentarse al riesgo de dejar al público patitieso. Chimpancés fumando hasta extasiarse y morir ahogados. Tragafuegos equipados con trajes ignífugos, insultando a sus colegas antepasados, aquellos que sorbían el fuego sin más protección que el cara a cara y la saliva. Contorsionistas de cartón, tan rígidos y antiestéticos que pierden toda belleza, toda perfección. Malabaristas borrachos, incapaces de mantenerse en pie, cómo van a mantener dos pelotas a la vez. Acróbatas croatas, que van de física errata en errata, funámbulistas drogatas que conseguirán el equilibrio en sus tumbas piratas. Zancudos enanos, jirafas sin cuello, monstruos que se patrocinan en los carteles, pero que en el circo nunca estuvieron.

Fraude y deudas, el alimento del príncipe que el circo regenta.


Un circo sin arte, con hambre de dinero, sin sueños de ser el hálito del pobre, el niño o el abuelo. Un circo sin vida, una fantasma mal decorado. Es un cuadro olvidado y mal envuelto, ¡alado circo del infierno! 

El propietario del circo perdió todos los aplausos por avaricia. Exprimió a todos sus trabajadores, a esos que eran sus amigos y, más que amigos, su familia. Aquel joven que hipotecó su vida por el arte del circo, hoy es un hombre consumido, malhumorado y con envidia. Se ha tragado cualquier mota de belleza del circo, su oscuridad era tan grande que no cabía en su cuerpo, ahora habita en el circo y a todos los ha vuelto enfermos. 

Cuando vayáis por carretera, os estéis acercando a enormes carteles de un circo, cuyo nombre ha sido arrancado, y esté repleto de insultos y pintadas vejatorias, haced un cambio de sentido. No sigáis aunque la curiosidad crezca en vuestros estómagos. Frenad el coche -o vuestros pasos, en el caso de que vayáis a pie-, antes de que sea demasiado tarde. Os dirigís hacia el circo trágico, allí donde el retorno se reirá de ustedes, los sueños son pesadillas y el mal siempre vence al bien. 

Si aun con mi consejo decides continuar adentrándote en los albores del circo, te recibiré tendiéndote la mano y prometiéndote la ilusión eterna, bajo la gran mentira en la que tantos años me he convertido. 

Soy el príncipe del circo, pase, vea y permanezca para siempre junto a las criaturas rotas que he creado con tesón y odio.






Por Edgar Kerouac. 


miércoles, 12 de marzo de 2014

Pájaro enjaulado en un soneto


Mirlo, sin batir alas te mueves,
llorando en la fría llanura en la que te encuentras
mirando a la horizontal nada mientras
tus viejos ojos saben que poco a poco mueres.

Y la jaula que ya no ves,
esa que está en tu interior y no me muestras,
esa que es una y mil celdas,
esa que no rompes, esa que sólo meces.

Mirlo, la puerta está abierta,
la llave hace ya tiempo que se perdió,
como tu esperanza cubierta,

que aunque tú lo creas, aún no yace yerta,
en tu mente, tu prisión.
Esa es la única que te ata, tu única cuerda.





Por Borowski y Kerouac, en clase, a compás.

lunes, 10 de marzo de 2014

Victor Vasarely


Hijo húngaro de Pecs, difunto de París.

Esparcido por el mundo estás, tus obras son cada uno de los pétalos que te formaban, indican el paso de tu tiempo pero sin morir. Aun muerto no puedes desaparecer, la eternidad elije por sí misma, sus decisiones no son siempre justas, pero sea por justicia o injusticia, azar o desdicha te ha escogido, y ya nadie puede acabar contigo. Dirán que es posible tu olvido, que es posible destruir todo lo que queda de ti, quemar tus cuadros, cerrar tu fundación en Aix-en-Provence, borrar tus palabras o negar que salieron de tu boca, destruir cada una de tus huellas, en pinceles, lienzos o bocetos sin terminar, y no errarán, es cierto, es posible hacerlo. Sin embargo, aun realizando tal barbarie, seguirás muy vivo, permanecerás en los ojos de aquella señora que se emocionó viendo La cage, o en las palabras de ese joven que fue por primera vez a un museo, vio una de tus obras y supo que el arte es inmortal, y despierta peces dormidos en el fondo de los lagos del yo.

Puedo llegar más lejos, imaginad que aniquilasen también a todas las personas que conocen algo de Victor Vasarely, aun con todo, él, desde su pequeño descanso eterno, permanecería con nosotros, porque sus obras irreales son reales, porque sus obras son la vida, Vasarely representó la vida como la sentía en él, la vida es movimiento, es una forma de vivirla y diferentes a la vez, es color y blanco y negro, es simétrica y rota por completo. 
Vasarely es eterno porque la vida es eterna, sus cuadros son él pero también son la vida y por eso no pueden destruirle aun muerto.


Y yo, que estoy aquí sentado y volando, al lado de Victor, descubriendo con mis ojos sus ojos en su Helios-II, me pierdo en esta bicoloridad, en esta perfecta imperfección, con este movimiento que impide a mis ojos centrarse en un punto sin dejar de mirarlos a todos, con esta tridimensionalidad que me acaricia el alma y me transporta al alba del alba. Siento a Vasarely al final de cada uno de los laberintos de sus obras. Un laberinto sin pérdida para el que mira más allá, un laberinto sin llave, sin Minotauro, ni cisnes de blanco impoluto en charcas, un laberinto sin laberinto, un espejo divertido, triste y geométrico de la vida. Un tú y yo con nosotros y vosotros tras cada parpadeo.   



Por Edgar Kerouac.