Un
circo vacío, cuyas luces ya no brillan, los camiones llevan años
sin moverse de aquel descampado. El olor nauseabundo mezclado con la
penetrante humedad dan como fruto una estampa podrida. La poesía que
envuelve el aura de cualquier circo descendió a un pozo sin fondo,
la alegría se ha ido, rodando hacia otra ciudad con otro circo.
Los
elefantes apestan a alcohol y pesimismo. La mujer barbuda se ha
enamorado de un buda mudo, con menos pelos que un recién nacido sin
lanugo. El hombre bala es eyaculador precoz. El mago, que en su día
fue ilusión en niño y que aprendió sus trucos con magia borrás,
ahora es un borde sin escrúpulos, ofreciendo tristeza a los demás.
Los tigres se han quedado sin rayas, sin sus deslumbrantes tonos
naranjas, sin dientes...dejaron de impresionar a los niños
valientes. La carpa que cubre el lugar está deshilachada, sucia,
insegura y letal como el aguijón de un gigantesco escorpión. Los
tickets mueren sin ser vendidos y la taquillera envejece de cuatro en
cuatro, como los caninos. Los payasos perdieron su gracia tan fácil
como la pintura con la que se adornaban. Domadores domados, sin ser
amados. Trapecistas vendiendo sus trapecios, cobardes, sin ganas de
enfrentarse al riesgo de dejar al público patitieso. Chimpancés
fumando hasta extasiarse y morir ahogados. Tragafuegos equipados con
trajes ignífugos, insultando a sus colegas antepasados, aquellos que
sorbían el fuego sin más protección que el cara a cara y la
saliva. Contorsionistas de cartón, tan rígidos y antiestéticos que
pierden toda belleza, toda perfección. Malabaristas borrachos,
incapaces de mantenerse en pie, cómo van a mantener dos pelotas a la
vez. Acróbatas croatas, que van de física errata en errata,
funámbulistas drogatas que conseguirán el equilibrio en sus tumbas
piratas. Zancudos enanos, jirafas sin cuello, monstruos que se
patrocinan en los carteles, pero que en el circo nunca estuvieron.
Fraude
y deudas, el alimento del príncipe que el circo regenta.
Un
circo sin arte, con hambre de dinero, sin sueños de ser el hálito
del pobre, el niño o el abuelo. Un circo sin vida, una fantasma mal
decorado. Es un cuadro olvidado y mal envuelto, ¡alado circo del
infierno!
El
propietario del circo perdió todos los aplausos por avaricia.
Exprimió a todos sus trabajadores, a esos que eran sus amigos y, más
que amigos, su familia. Aquel joven que hipotecó su vida por el arte
del circo, hoy es un hombre consumido, malhumorado y con envidia. Se
ha tragado cualquier mota de belleza del circo, su oscuridad era tan
grande que no cabía en su cuerpo, ahora habita en el circo y a
todos los ha vuelto enfermos.
Cuando
vayáis por carretera, os estéis acercando a enormes carteles de un
circo, cuyo nombre ha sido arrancado, y esté repleto de insultos y
pintadas vejatorias, haced un cambio de sentido. No sigáis aunque la
curiosidad crezca en vuestros estómagos. Frenad el coche -o vuestros
pasos, en el caso de que vayáis a pie-, antes de que sea demasiado
tarde. Os dirigís hacia el circo trágico, allí donde el retorno se
reirá de ustedes, los sueños son pesadillas y el mal siempre vence
al bien.
Si
aun con mi consejo decides continuar adentrándote en los albores del
circo, te recibiré tendiéndote la mano y prometiéndote la ilusión
eterna, bajo la gran mentira en la que tantos años me he convertido.
Soy
el príncipe del circo, pase, vea y permanezca para siempre junto a
las criaturas rotas que he creado con tesón y odio.
Por Edgar Kerouac.

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