lunes, 10 de marzo de 2014

Sueño


Una huella.
Cada huella
quizás fracaso,
gloria, amor o decepción.

Un martillo
grabado en transparente
en el corazón.

Un velo negro,
arcoiris, espejo o reflejo
deslumbrador.

Un soneto alegre,
fiel devoto de la cordura
locura del autoretrato
del auténtico yo.

Un abrazo al cielo,
un abrir de ojos
hacia más adentro de adentro.

Una bomba sin explotar,
que explota
cuando estás despierto
y no quieres despertar.

Un respiro sin aire,
una bocanada de nada
sin dubitar.

Renacimiento, en arte,
infante, déspota, héroe,
mago o deidad.

Una verdad dentro
de la mentira,
que reconoces como
mentira al despertar.

Surrealismo real,
que hizo de Dalí
un maestro sin igual.

Llama,
que te enciendes y apagas
por aleatoriedad.

Embaucador de mentes,
endulzador del descanso,
martirio del demente,
socorro del ausente.

Freud te encumbró,
el futuro y la ciencia
te desheredó.

Musa de tantos, libertad
del cauto, que estás y no estás
en cada llanto.

Cada sueño es un sueño
sin terminar. Un vaso de agua
del cual conocemos el principio,

nunca el final. 




Por Edgar Kerouac.

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