Una huella.
Cada huella
quizás fracaso,
gloria, amor o
decepción.
Un martillo
grabado en
transparente
en el corazón.
Un velo negro,
arcoiris, espejo
o reflejo
deslumbrador.
Un soneto
alegre,
fiel devoto de
la cordura
locura del autoretrato
del auténtico
yo.
Un abrazo al
cielo,
un abrir de ojos
hacia más
adentro de adentro.
Una bomba sin
explotar,
que explota
cuando estás
despierto
y no quieres
despertar.
Un respiro sin
aire,
una bocanada de
nada
sin dubitar.
Renacimiento, en
arte,
infante,
déspota, héroe,
mago o deidad.
Una verdad
dentro
de la mentira,
que reconoces
como
mentira al
despertar.
Surrealismo
real,
que hizo de Dalí
un maestro sin
igual.
Llama,
que te enciendes
y apagas
por
aleatoriedad.
Embaucador de
mentes,
endulzador del
descanso,
martirio del
demente,
socorro del
ausente.
Freud te
encumbró,
el futuro y la
ciencia
te desheredó.
Musa de tantos,
libertad
del cauto, que
estás y no estás
en cada llanto.
Cada sueño es un
sueño
sin terminar. Un
vaso de agua
del cual
conocemos el principio,
nunca el final.
Por Edgar Kerouac.
No hay comentarios:
Publicar un comentario