viernes, 14 de febrero de 2014

Hombre tatuado


Aquí estaba él, con su ochentera, vieja y cansada piel. Tatuado “hope” y “hate” en cada uno de sus nudillos. Tinta difusa por el paso del tiempo. Imagino a ese guerrero caído hace uno años, cuando aún tenía fuerzas para plantar cara al mundo, lo veo tras sus ojos apagados, queriendo salir, pero temiendo una nueva derrota, un nuevo revés, esta vez sabe que no podría levantarse. Sabe que esos puños, que golpeaban el viento con tinta furiosa, ya no pueden tumbar ni siquiera un espantapájaros. Simplemente conserva esas palabras en sus nudillos, le recuerdan que un día luchó por destruirlas, por exterminar todo sentimiento y significado de esas palabras, pues toda su esperanza era poder destruir ese odio insondable. Hoy las mira desolado, lleno de ira, un odio que no pudo y ya no puede expulsar. Odio acumulado en el fondo de su mar, un mar de lágrimas cuyo barco no puede surcar. Ahora su guerra es cada paso, un mundo nuevo que crear, un dolor más que soportar, es a todo a lo que puede aspirar.
Adiós buen hombre, estés donde estés. 


Por Edgar Kerouac.


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