viernes, 14 de febrero de 2014

XXVIII-XII-MMXIII


Estaba allí la realidad, con su crudeza. Desnudo y feliz me hallaba, tomé conciencia y me vi -y muy adentro sentí- desnudo y avergonzado. Indefenso, no frente a nadie, sólo indefenso de mi dolor, de mi pena. Película perfecta, film roto. Irreal realidad. Esta cabeza que da vueltas en círculos concéntricos y me quema, me quema el cuerpo entero. Ahora bailo fuera de compás, me tropiezo, choco con los demás. Estos pensamientos de satán me pudren el alma, me destruye las alas, contamino al que me ama. Amarrado a la rama de mi árbol en llamas.
Cuanta más certeza más dura es la confusión, la duda que corretea por las venas fluyendo hacia el corazón. Entonces éste bombea un silencio espeso y frío como hielo. Odio que mi tristeza escriba mejor que mi felicidad. 


Por Edgar Kerouac.

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