Lucca hizo que aquella mujer se corriera de placer. La miró allí tumbada, agotada, sin parar de murmurar “el mejor polvo de mi vida, el mejor polvo de mi vida…” sonrío y se marchó.
Lucca caminaba por la calle buscando su siguiente presa, investigando qué mujer sería la afortunada de poder disfrutar de aquella máquina sexual. Vio a una mujer de unos 40 años, muy delgada, con arrugas, apreciables a pesar del maquillaje, se acercó a ella sin decir nada, ella le miró de reojo extrañada. Aquella mujer comenzó a andar cada vez más deprisa, Lucca la seguía sin decir nada, la mujer comenzaba a ponerse nerviosa, no sabía qué hacer, de repente notó algo duro en su trasero, se giró y vio a Lucca pegado a su culo, le dijo “¿la sientes?”, ella había notado algo muy duro y bastante grande, llevaba mucho tiempo sin follar aquella mujer, pero sentía repugnancia y miedo por aquel hombre cercano a la treintena. La mujer siguió hacia delante, Lucca no la siguió, ella cruzó la esquina y al ver que Lucca no la seguía se frenó de golpe, esperando ver si aparecía aquel hombre, al no aparecer ella retrocedió sobre sus pasos y vio a Lucca esperándola en el mismo lugar, sonriendo. La anónima mujer se acercó a Lucca y le dijo “ven a mi casa y haz que sienta esa polla”, se fueron juntos. La mujer sacó las llaves del bolso, abrió la puerta, entraron ambos, cerró la puerta. Ella le preguntó a Lucca si quería beber algo, Lucca se había bajado los pantalones y los calzoncillos, aquel pollón iluminó la mirada de la mujer, se acercó rápidamente y se lo introdujo en su húmeda boca, tenía mucha experiencia comiendo pollas. Lucca la levantó en peso, la puso mirando hacia el sofá y le dijo “muerde el cojín”, seguido se la metió sin piedad. Terminaron, el coño de aquella mujer estaba rebosante de su propio corrido y de corrido ajeno, goteaba en el suelo. Lucca se vistió, la mujer preguntó su nombre, Lucca no contestó, abrió la puerta, salió y suavemente cerró la puerta. Un hombre con su hijo pequeño sacaba las llaves de su casa, con cara de asombro miró a Lucca, le preguntó “¿quién eres tú?¿qué hacías en mi casa?”, Lucca no contestó.
Lucca estaba bebiendo cerveza en un bareto de poca monta, la camarera era una jovencita de 20 años, él le tiraba la caña cada vez que pasaba por su lado, ella no le prestaba atención. La camarera se estaba cansando de aquel tipo. Lucca estaba tremendamente borracho, no dejaba de mirarle las tetas sin ningún tipo de discreción, ella se sentía incómoda. Quedaban tres tipos en el bar, uno de ellos era Lucca, la camarera fue al almacén para reponer bebidas, Lucca la siguió sin que ella se diese cuenta. La agarró fuerte por detrás, ella empezó a forcejear para intentar soltarse, él le dio la vuelta, la miró a los ojos, la besó, ella le escupió, la volvió a besar, ella le mordió, la volvió a besar, ella le besó, se bajó las bragas, Lucca se la metió, ella gritó de dolor, aquello era muy grande, él se la metió más fuerte, volvió a gritar de dolor, una vez más se la introdujo, ella gimió de placer. Ella se corrió una vez, se volvió a correr, llegó un tercer orgasmo. Le dolía el coño, le suplicaba a Lucca que eyaculase, él le hizo caso. Salieron del almacén, la camarera tenía la cara roja, estaba relajada, muy relajada y feliz. Lucca cogió la cerveza sin acabar que se había dejado en la barra y se fue.
Lucca abandonó un departamento, fue a cerrar la puerta, una mujer de 35 años evitó que la cerrará, estaba en batín, debajo no llevaba nada, acababan de follar. Janina le dijo a Lucca “llámame por favor, tienes que volver a hacerme disfrutar como lo has hecho hoy”, Lucca se rascó la entrepierna, la miró, sonrió y dijo “no te llamaré, tu coño me aburre”, bajó las escaleras y se fue.
Lucca estaba en el supermercado comprando vino y algo de comer. Llegó a la caja, pagó lo que le dijo la cajera, ésta le dio las vueltas y le dejó escrito su número de teléfono. Lucca se quedó sorprendido, incluso bloqueado, nunca le había ocurrido aquello. Llegó a su casa, abrió el vino, bebió con el número de teléfono de la cajera en la mano, lo miraba mientras bebía. Dudaba en llamarla o no, mientras lo pensaba seguía bebiendo. Se decidió a llamar. Quedaron en casa de Lucca, llegó la cajera, con una blusa con un gran escote y unos pantalones pitillo. Lucca le preguntó si quería tomar algo, ella le cogió y lo sentó en una butaca, le bajó los pantalones, también se bajó los suyos, se apartó el tanga y se metió el rabo entero. Lucca no se lo imaginaba, aquello no podía estar pasando de ese modo, ella no hizo ningún comentario sobre aquel descomunal aparato, entró como la seda, la quinta vez que la cajera se levantó y volvió a caer de modo brusco en el falo de Lucca, éste se corrió. Nunca le había pasado aquello, había durado menos de dos minutos, ella rió, se colocó el tanga y se marchó de forma burlona. Lucca se quedó en la butaca fastidiado, muy relajado por haberse corrido pero muy enfurecido por cómo había pasado todo, no podía ser que no fuese esa máquina sexual que él siempre era, no podía ser que aquella mujer no hubiese llegado al clímax, se sentía humillado. Rápidamente se puso los pantalones y fue en busca de la cajera, ésta estaba apunto de bajar las escaleras cuando Lucca la alcanzó de la cabellera, la estampó contra la pared y la tiró con inmensa ira por las escaleras, la cajera murió.
Lucca volvió a casa, se sentó, miró su pene y dijo “no vuelvas a fallarme, todo lo que soy eres tú”.
Por discípulo de Maestro Sho-Hai...
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