Es 10 de Mayo, a las 11:15 llego a la oficina del paro. Tengo cita previa, el número B-72, a las 11:25. Espero en recepción mi turno, bastante poblada está la oficina, parece un anuncio de Benetton. Saco de la mochila Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, leo algunas páginas, rápidamente escucho el sonido robótico, y nada sensual, de la máquina de turnos decir seguidos “B-70 puesto (no lo recuerdo), B-71 (puesto 16), B-72 (puesto 15)”, cierro el libro, lo guardo en la bolsa, busco mi puesto, lo encuentro rápido, está prácticamente en la entrada.
Llego a la mesa, dejo mi mochila a un lado, me siento y veo como la persona que tiene que atenderme habla con su compañera sobre algún asunto que había ocurrido con el cliente anterior. Se gira, y me pregunta sobre qué es a lo que he venido, a lo que yo le contesto que a por un certificado en el que conste que no estoy cobrando nada, él me pregunta para clarificar “¿no estás cobrando nada?”, a lo que yo le contesto “no, nada”. Me dice que le dé el DNI, se lo doy y empieza a repetir con problemas “Eddar, Eddddjar…uff que difícil”, le echo una mano “es Edgar”. Extrañado, él me dice “¿seguro que no es Egdar?”, entonces pienso en mi interior “cómo no voy a saber cómo me llamo inútil” pero le digo “sí seguro que es así, como Edgar Allan Poe”. Me vuelve a mirar extrañado y me replica “no, se llamaba Egdar Allan Poe” dice con gran confianza, por dentro me descojono y pienso que es bastante inculto, le contesto “no se llama así, se llama Edgar Allan Poe”. Él se siente muy seguro, piensa que tiene razón, pero está contrariado por mi seguridad y rotundez, quizás algo avergonzado porque un tío varias décadas más joven que él tenga razón, así que intenta darme una lección y entonces aquellos trámites que venía a realizar pasan a un segundo plano, cosa que no me parece mal del todo. Enciende internet y marca en google “Poe”, de repente aparece el nombre completo “Edgar Allan Poe”, me dice “¡Oh!, tenías razón, estaba equivocado”, no voy a negar que algo de satisfacción he sentido cuando me ha dado la razón un tipo de la oficina del paro. Me comenta que él cuando era joven se había leído todo sobre Poe (cosa que yo dudo, cuando no sabes ni como se escribe el nombre de “Edgar”), que le gustaba mucho, que se había leído una obra muy buena suya, a lo que yo le pregunto “¿El cuervo?”, él me dice que no, no recuerda su nombre y lo busca en wikipedia, mientras lo busca ve que Poe se había casado con su prima, que tenía 13 años, y me comenta riendo “¡joder, qué salidos estaban en esta época!”, en mi interior pienso “creo que ahora estamos bastante más salidos que antes”, sigue comentando “este tío estaba loco, mal de la cabeza”, a lo que contesto “puede que sí, pero es un genio, ojalá siguiera vivo y escribiendo”. Al fin consigue llegar a las obras de Poe, para ver si recuerda cómo se llamaba aquella obra que le gustaba tanto de joven, yo le digo “¿no será La narración de Arthur Gordon Pym?”, “¡esa es!”, contesta de modo enérgico.
Rápidamente me da el papel, por el que había venido. Lo cojo, me cuelgo la cartera y me despido de él, a lo que él responde “Adiós, ¡Eddddgar!”, con tono eufórico y humorístico. Salgo a recepción con una sonrisa amplia por su despedida, sigue repleta la oficina, menos mal que tenía cita previa, han sido unos buenos 10 minutos.
Por discípulo de Maestro Sho-Hai...
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